Energía a debate, Septiembre-Octubre 2008

 

Editorial

Pemex: Reforma y transición



El país sigue a la expectativa de lo que realmente significa la reforma energética. En realidad, no se puede prever grandes cambios en la operación de Petróleos Mexicanos (Pemex), a pesar del ruido político de los últimos meses. La decisión –el consenso– a favor de “no privatizar” implica, en esencia, optar por no cambiar de paradigma. Pudimos haber optado, como Nación, por bursatilizar Pemex, por las alianzas, por compartir proyectos y renta petrolera con compañías privadas y extranjeras. Pero ninguna fuerza política propuso esto, ya haya sido por pragmatismo político, por ideología, por razones históricas, por privatizaciones fallidas en el pasado reciente o por desconfiar de los “extranjeros” o de nosotros mismos.

 

Optamos por mantener el monopolio de Pemex, por mejorarlo, por darle mejores instrumentos de gestión y operación. Sin duda, los contratos incentivados pueden ser relevantes para mejorar los resultados de la obra pública si permiten flexibilizar la relación entre Pemex y sus contratistas. Pero aunque rechazamos, como Nación, un cambio de paradigma, también existe una amplia conciencia del creciente agotamiento del actual modelo monopólico de gestión petrolera. Desconfiamos del cambio, pero también del status quo y del futuro mismo del petróleo en México.

 

Pemex no puede seguir como está, dicen todos. Sin embargo, aun cuando toda mejora es bienvenida, hay poco optimismo respecto del futuro de Pemex. Ya no hay indicios geológicos en México de que se vuelvan a encontrar yacimientos gigantes como Cantarell y Ku-Maloob-Zaap, dicen los directivos de Pemex. De ser así, el futuro no es nada promisorio. Lo mejor que propone el gobierno es mantener el modelo monopólico, pero con un contratismo más ágil y quizás algunas aperturas secundarias al capital privado. La izquierda chilla y patalea, pero su propuesta no va más allá de una reingeniería administrativa del monopolio, con mayores recursos para las áreas de Pemex que han tenido subinversión.

 

Si el optimismo cabe, hay que fincarlo en las iniciativas de transición energética y de energía limpia, eficiente y renovable, con las que el PRI y el PVEM han querido complementar la reforma. Son propuestas que, en lo esencial, cuentan con el apoyo de otras fuerzas políticas. Son propuestas del sentido común. La era del petróleo fácil se acabó, el mundo está cambiando y México tiene que cambiar con él.

 

Se plantea la creación de un fondo para la transición energética, que recibiría recursos vía la Ley de Derechos, para la investigación y el fomento de las energías renovables y de la eficiencia energética en un sentido amplio. Tal vez incluso se apruebe una ley específica de fomento a las renovables, que ayude a superar las barreras económicas y burocráticas a su aplicación en México.

 

Esta edición de Energía a Debate, revista independiente, crítica y plural, retoma el tema de esa transición hacia nuevas opciones energéticas, que deberá ser una prioridad para los esfuerzos técnicos, comerciales y políticos en los próximos años, a fin de darle al país una nueva perspectiva de modernización energética, que no se podrá alcanzar a través del petróleo y sus derivados.

 

 

David Shields

 

Energía a Debate es una revista bimestral de análisis y opinión de temas energéticos,
editada por: Mundi Comunicaciones, S.A. de C.V.