¿Se está acabando el petróleo?
Expertos internacionales prevén un escenario de declinación de las reservas petroleras mundiales en los próximos años, pronóstico que tiende a elevar los precios del petróleo y agudizar conflictos geopolíticos. Si el gobierno de México carece de una estrategia frente a este panorama, podría perder el control sobre decisiones estratégicas para el país.
SALVADOR ORTUÑO ARZATE*
El consumo de los combustibles fósiles no renovables es el sustento de la civilización actual y el motor de la economía mundial. La posesión y el aseguramiento del petróleo constituyen el centro de las estrategias energéticas de las naciones desarrolladas, de su geopolítica, y hasta de su seguridad nacional.
El petróleo representa actualmente el 40% de la demanda mundial de energía, mientras que el gas natural alcanza el 25% y el carbón, otro 25%. Así, los energéticos fósiles cubren el 90% de la demanda energética actualmente. El mundo consume actualmente más de 80 millones de barriles por día (MMb/d) y se estima que este consumo llegará a cerca de 120 MMb/d para el año 2025. Con respecto al gas natural, el consumo fue de 2.35 terametros cúbicos (Tm3 ó 1012 m3) durante el año 2000; y será de 4.54 Tm3 para el año 2020.
Las reservas y la producción mundial de hidrocarburos
La reserva probada mundial asciende actualmente (datos del final de 2003) a 1,147,700 millones de barriles. Por su parte, las reservas probadas mundiales de gas natural ascendían, al final de 2003, a 6,204.9 trillones de pies cúbicos (tcf) equivalentes a 175.78 Tm3. Las mayores reservas de gas se encuentran en la Federación Rusa: 47 Tm3 (1012 m3); el segundo lugar lo ocupa el Medio Oriente con 71.72 Tm3, representando el 40.8% del total de la reserva mundial de gas natural.
La distribución actual de las reservas probadas mundiales de petróleo es como sigue: cerca del 65% se encuentran en el Oriente Medio, cerca del 25% se localizan en el Mar Caspio, Rusia y América Latina, ésta última contribuyendo con el 9.3%. Además, las regiones promisorias en las próximas décadas como provincias petroleras en el ámbito mundial son el Mar Caspio, el Cáucaso, el Mar Meridional de China y el Golfo de México. Los ojos y las estrategias de los grandes consumidores están ahora puestos en estas regiones.
En términos generales, la producción mundial de petróleo crudo ha mantenido una marcada tendencia ascendente desde 1965, con algunas crisis de descenso y tormentas de precios en 1974–1975, 1980–1983 ó 1999. Durante 2002 se produjeron en el mundo cerca de 74 Mb/d; en el primer trimestre de 2004 la producción mundial alcanzó cerca de 82 Mb/d. La demanda petrolera crece rápidamente, en proporción directa al crecimiento de las economías.
Los principales países productores (según datos del final de 2003) son Arabia Saudita (9.82 MMb/d), la Federación Rusa (8.54 MMb/d), Irán (3.85 MMb/d), Emiratos Árabes Unidos (2.52 MMb/d), Irak (1.34 MMb/d), China (3.39 MMb/d), México, (3.78 MMb/d), Venezuela (2.98 MMb/d), etc. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) tuvo una producción de 30.38 MMb/d, estimados al final de 2003.
El primer productor de gas natural es la Federación Rusa con 578.6 gigametros cúbicos al año (Gm3/a), representando un 22.1% de la producción mundial (y con el 26.7% de las reservas mundiales); el segundo lugar lo ostentan los Estados Unidos con 549.5 Gm3/a (21%). La diferencia es que los Estados Unidos no pueden cubrir su demanda interna, mientras que Rusia es un gran exportador de gas. Estados Unidos representa actualmente más del 25% del consumo mundial de petróleo.
Es importante señalar la tendencia en ascenso en el consumo de la región Asia–Pacífico, donde el principal consumidor es China con un crecimiento anual promedio del 7% y en el cual se prevén algunas dificultades de abastecimiento en el futuro inmediato. En relación al consumo de gas natural, las estadísticas indican que ascendió a 2,591 Gm3 en 2003.
El mercado mundial del petróleo
Haciendo un análisis rápido de los flujos internacionales de petróleo, es evidente que éstos van, grosso modo, de los países no desarrollados (productores), como los de Oriente Medio y los integrantes de la OPEP, hacia los grandes centros de consumo en los países desarrollados. Este hecho es muy importante, pues define las características de los marcos económicos y políticos, y hasta militares, en los que se desenvuelven las relaciones internacionales actuales, y vislumbra cómo podrían evolucionar hacia las próximas décadas. Actualmente, es ya muy clara la estrategia adoptada, no sólo comercial, sino política y militar, que algunos países han seguido –como Estados Unidos, Inglaterra o Francia, por ejemplo–, asegurando su presencia y control en las áreas productoras clave de petróleo y gas natural.
Como parte de las estrategias comerciales seguidas por los grandes consumidores, se han desarrollado enormes consorcios o corporaciones multinacionales, no ya sólo petroleras sino energéticas, manejando varios eslabones de la cadena de valor del petróleo. Este es el caso de las tendencias seguidas por las grandes fusiones de compañías petroleras, como Exxon–Mobil, BP-Amoco, Total-Fina-Elf, ChevronTexaco, etc. Estas fusiones pondrían en un alto nivel de competencia a las compañías privadas internacionales frente a las grandes empresas estatales como Saudi Aramco de Arabia Saudita, Petróleos de Venezuela (Pdvsa), la Compañía Petrolera Iraní (NIOC), o quizá incluso Petróleos Mexicanos (Pemex). La creación de estas “compañías energéticas” mundiales y su manejo de los eslabones de la cadena de valor del petróleo, particularmente el de la refinación, podría permitirles controlar las estrategias energéticas mundiales y el mercado internacional del petróleo frente a grupos de países productores como la OPEP. Esta organización ha afirmado también su papel como cártel petrolero, definiendo sus cuotas de producción y los precios en el mercado mundial del petróleo.
Con relación a la capacidad instalada de refinación en el mundo, en 2003 se procesaron 83.65 MMb/d, de los cuales los Estados Unidos procesaron 16.89 MMb/d (20% del total mundial), Europa y Eurasia 25.25 MMb/d, China 5.48 MMb/d y Japón 4.68 MMb/d. Estos países procesaron, en conjunto, el 52% de los productos del petróleo en el mundo. Por otro lado, los países productores netos de petróleo crudo poseen menor número de instalaciones para la refinación, por lo que son más exportadores de crudo que de productos de petróleo.
¿Se acabará pronto el petróleo?
Con las reservas probadas actuales de petróleo (según las estimaciones de BP) de 1,147,700 millones de barriles, y las de gas natural de 175.78 Tm3 y frente a la producción y la demanda futuras, instituciones y expertos han dado a conocer una gran variedad de cifras respecto a cuándo aparecerán los signos de la declinación de la producción petrolera mundial. Los más optimistas consideran que podrían aún lograrse hallazgos nuevos por más de 3 millones de millones de barriles de petróleo.
Entre los “optimistas” se pueden nombrar principalmente a la Agencia Internacional de Energía, el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), Cambridge Energy Research Associates (CERA), las principales corporaciones multinacionales, el analista Morris Adelman, entre los más importantes.
Al contrario de esta visión, un punto de vista de otros expertos, calificado por algunos como “pesimista” –aunque en realidad es más realista, pues toma en cuenta los aspectos geológicos y técnicos de los yacimientos– indicaría que los principales descubrimientos de petróleo y de campos gigantes y supergigantes ya tuvieron lugar, principalmente entre los años 1960 a 1980. Estiman, por lo tanto, que no habrá otros descubrimientos de las magnitudes de los ya conocidos, aún con las mejores tecnologías, en un planeta que es evidentemente finito. Por lo anterior, las probabilidades de incorporar grandes reservas son muy bajas. Según Campbell, el petróleo por encontrar en el mundo se estima en 151,670 millones de barriles; y las reservas mundiales totales serían en realidad de 820,380 millones de barriles, contra 1,147,700 millones estimados por los llamados “optimistas”.
En el grupo de los “pesimistas” se pueden mencionar a especialistas como Campbell (The Coming Oil Crisis, 1997), Campbell y Laherrère, (The End of the Cheap Oil, 1998), Laherrère (Vers un Déclin de la Production Petrolière, 2001, o Estimates of Oil Reserves, 2002), Deffeyes (Hubbert’s Peak, the impending world oil shortage, 2002), entre los más sobresalientes.
Las predicciones sobre la declinación de la producción mundial de estos autores se basan en el modelo del geólogo M. King Hubbert. El modelo aplica el concepto de la curva de evolución de la producción de un yacimiento, y lo generaliza para el comportamiento de “n“ yacimientos; éstos podrían representar “el yacimiento universal de petróleo”. Cuando se llega al punto máximo de la producción, en la cúspide de la campana de probabilidad, ya se habrá explotado la mitad de las reservas totales recuperables. Este modelo se puede aplicar a una provincia petrolera o a la totalidad de los yacimientos en el mundo.
Con base en la lógica del modelo de Hubbert y del “yacimiento mundial de petróleo”, el nivel de la producción máxima podrá ocurrir en muy corto tiempo, para comenzar la inevitable declinación de la producción mundial de petróleo.
Un posible escenario: ¿real o pesimista?
Según los datos disponibles, este escenario de declinación mundial es el más probable en los próximos años. Desafortunadamente, las limitaciones geológicas y técnicas de las cuencas petroleras y los yacimientos son más determinantes y definitivas que las inversiones que puedan hacerse o las innovaciones tecnológicas que pudieran desarrollarse. Esta visión estima que las provincias frontera mundiales, que se han considerado promisorias por la cantidad de reservas por encontrar, como son Alaska, el Caspio o el Mar Meridional de China, no serán determinantes y no podrán aumentar de manera significativa las reservas mundiales y la producción futuras.
Autores como Deffeyes (2001) y Laherrère (2002, 2003) pronostican que la cúspide de máxima producción se presentará muy pronto, entre 2004 y 2007. Asimismo, Campbell concluye que el nivel máximo de producción mundial de petróleo tendrá lugar antes de 2010. Antes de este año, se estima que la oferta de petróleo estará limitada por la capacidad de producción, aun cuando la demanda no se incremente. Se prevé que la producción futura sólo podrá alcanzar un máximo de 85 MMb/d, siendo afectada por la aparición de la etapa de declinación de la producción mundial. Si el crecimiento de la demanda mundial es del 1%, la declinación podría presentarse hacia 2011; si es mayor al 3%, no rebasaría el año 2006. Esto quiere decir que los pronósticos de consumir cerca de 120 MMb/d para 2025, no serían en realidad alcanzables. Incluso, se pronostica que la producción máxima de los países no pertenecientes a la OPEP tendrá lugar antes de 2010, en tanto que los países del Golfo Pérsico integrantes de la OPEP, alcanzarán su máximo cerca del año 2015.
La OPEP controlaría hacia los años de la década de 2020 y 2030 más del 50% del mercado internacional del petróleo, con lo cual el manejo de las políticas de precios estaría en sus manos por más tiempo aún. Las situaciones inestables de carácter político–militar podrían estar presentes y ser aún más recurrentes e impactar este parámetro (la banda de precios), considerado como un indicador macroeconómico a nivel mundial. Actualmente, por ejemplo, los precios del petróleo –a más de 40 dólares por barril- estarían determinados por las tensiones políticas y los conflictos militares en varias regiones del planeta (Oriente Medio, Rusia, Venezuela), y por las variaciones de la oferta y demanda; ésta última ha tenido un acelerado e inusitado incremento en algunos países desarrollados.
Por otra parte, se prevé entonces que las nuevas reservas por descubrir no alcanzarían cifras importantes y no serían significativas para aliviar la demanda futura de hidrocarburos por largos periodos. Sin embargo, en una visión optimista, podrían encontrarse ingentes reservas para mantener una producción petrolera moderada más allá del año 2035.
Otro factor importante, señalado por algunos especialistas, es la falta de inversión o la insuficiencia de ésta para sostener la producción mundial, la cual afectará principalmente a los países productores no industrializados. La falta de inversión impactaría tanto a los procesos de producción como de refinación del petróleo. Este fenómeno también podría afectar a los países integrantes de la OPEP. Tal situación es y será capitalizada por los países desarrollados a través de las estrategias y políticas de la globalización hacia los países en desarrollo y para debilitar o cambiar sus leyes proteccionistas nacionales, forzando la apertura de mercados desregulados.
Los dos escenarios –“pesimistas” y “optimistas” – conducen a visiones del futuro muy diferentes y contrastantes. Aunque la evidencia, desde el punto de vista técnico, apoya el escenario conservador o “pesimista”, ya que es más realista y cercano a los datos y hechos observados.
Especialistas y politólogos coinciden en que las guerras y conflictos por los recursos podrían caracterizar las situaciones mundiales en las próximas décadas. Actualmente ya existen conflictos devastadores por la búsqueda competitiva del abastecimiento de los recursos petroleros en las regiones productoras (Oriente Medio, Golfo Pérsico, la Cuenca del Caspio, etc.). Otros conflictos, aunados a los anteriores, serían también por el abastecimiento de agua, minerales o la madera. En tales conflictos, la presencia de las potencias económicas y militares sería protagónica en las regiones ricas en recursos energéticos en las primeras décadas de este siglo.
Frente a estos escenarios, cabe preguntarse: ¿Qué situaciones políticas o de conflicto podrían presentarse ante esta distribución de los recursos petroleros, entre los asediados productores y los ávidos consumidores? O bien, ¿cuáles serían las consecuencias económicas de la declinación para los países industrializados? Y ¿bajo qué condiciones económicas y políticas, o banda de precios del petróleo convencional, se podrían producir hidrocarburos de las fuentes no convencionales y hasta qué punto podrían esas fuentes compensar la declinación de la producción de petróleo convencional? Permitirá, para entonces, el desarrollo tecnológico acceder a fuentes alternas de energía para sustituir el consumo de hidrocarburos?
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En este contexto mundial de mercado y de conflictos geopolíticos y petroleros internacionales –que, según se prevé, podrían ocurrir en un escenario de declinación de la producción petrolera mundial, y que dejaría atrás “la era del petróleo barato”–, cabe preguntarse ¿cuáles serían las implicaciones para México? ¿Qué presiones políticas y económicas, y hasta militares, podrían llevar al país a situaciones de inestabilidad? ¿Cuáles son las mejores estrategias que deben instrumentarse hacia el mercado interno y frente al mercado internacional de petróleo y los futuros conflictos? ¿Poseería México reservas importantes para esas épocas? En suma, ¿cómo capitalizar las reservas de hidrocarburos para el beneficio del país en un escenario de peligrosos conflictos por el abastecimiento energético?
Frente a este contexto, las estrategias en México deberían incluir al menos cuatro aspectos primordiales:
1.- La consideración –por parte del gobierno en los planes estructurales y macroeconómicos– del papel fundamental que tienen los hidrocarburos, especialmente los montos de reservas probadas y de la producción petrolera, en el desarrollo económico y social del país. Los planes de desarrollo deberían considerar estos aspectos desde la óptica de la autonomía energética y la seguridad nacional.
2.- La explotación racional de los yacimientos, para responder a los intereses nacionales de consumo y desarrollo económico y sustentabilidad, tanto en el presente como hacia el futuro en el mediano y largo plazo, antes que a las políticas y necesidades de los grandes consumidores internacionales, como Estados Unidos, a donde México exporta parte importante de su producción.
3.- La instrumentación de las estrategias adecuadas para la gestión y actualización tecnológicas en la industria petrolera mexicana, a fin de evitar los riesgos de quiebra técnica por el manejo del “tecnonacionalismo” a ultranza de las empresas transnacionales petroleras de los países capitalistas centrales, materializado principalmente a través de los contratos de servicios tecnológicos especializados.
4.- El fortalecimiento del desarrollo del mercado interno, basado en la participación activa de la industria energética como motor del crecimiento económico y la industrialización del país. La posición de la industria petrolera es y será fundamental, y su papel es de carácter estructural en la economía mexicana; como lo es en cualquier otra economía.
Si no se llevan a cabo las estrategias y políticas adecuadas, el país podría ser arrastrado en esa tormenta de conflictos mundiales y donde las decisiones estratégicas para el país no serían ya más tomadas por nuestro gobierno; las repercusiones de tales contextos y situaciones serían imprevisibles. La toma de conciencia y las estrategias adecuadas no pueden ser aplazadas sine die. Los retos son ahora; es urgente afrontarlos.
*Es doctor en Geología, Exploración Petrolera y Recursos Energéticos por las Universidades de Pau et des Pays de l’Adour y Pierre et Marie Curie, de Francia. Ha sido Investigador Invitado en el Instituto Francés del Petróleo en París, Francia durante 1998 y 1999. Actualmente es investigador y coordinador de proyectos de investigación en el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP).
sortunoa@imp.mx
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